miércoles, 10 de junio de 2015

ADIOS MAESTRO.

FREDDY REYES

Miguel Enrique Feris Iglesias, fue el primer niño que conocí.  Entonces él tenía a lo mejor cuatro años, y yo cinco. Luego me enteré que su padre, Ricardito Feris era amigo de infancia de mi padre, entonces en el exilio.

Cuando Federico García Lorca vio sin vida el cuerpo de su amigo Sánchez Mejía, escribió un largo poema. Me he robado una metáfora para aplicarla a Miguel Enrique:

Tardará mucho tiempo en nacer,  si es que nace, una persona como Miguel Feris. Él era único en su genialidad, una especie de mago que todo lo que pensaba o tocaba se convertía en empresa, fábricas, equipos deportivos y todos con buen éxito financiero.

Podemos criticarle muchos aspectos, pero todos coincidíamos que era un trabajador dicto, un incansable, que ponía por encima de todo la forma de hacer negocios, de crear, de planificar, de cosechar, de realizar, con su temperamento inigualable.

Fue un gran emprendedor, una gran persona intuitiva, un político que se sentía por encima de todo el bien y el mal. Así actuaba.

Siempre tenía una actitud elegante de deshacer entuertos, el olvidar el pasado, de dar el difícil primer paso de la conciliación. Y como si no fuera nada, hablar del futuro, hacer planes... ¡y cumplirlos! Cuando a Walt Whitman le dijeron que Lincoln estaba muerto, escribió un largo poema ,“¡Oh mi Capitán!”.

Confieso que lo busqué y lo leí, pensando en Miguel Enrique. Mi capitán no responde... Sus labios están pálidos e inmóviles. Mi padre no siente mi brazo. No tiene pulso ni voluntad. El barco está anclado sano y salvo. El viaje ha terminado y se ha hecho. De un barco temeroso al barco triunfador, entra con su objetivo realizado.

Descansa en paz maestro. Nunca, nadie te olvidará, porque por siglos no nacerá en el mundo otra persona como Miguel Enrique Feris Iglesias Armenteros Elmúdesi.

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