Miguel Enrique Feris
Iglesias, fue el primer niño que conocí.
Entonces él tenía a lo mejor cuatro años, y yo cinco. Luego me enteré
que su padre, Ricardito Feris era amigo de infancia de mi padre, entonces en el
exilio.
Cuando Federico García
Lorca vio sin vida el cuerpo de su amigo Sánchez Mejía, escribió un largo
poema. Me he robado una metáfora para aplicarla a Miguel Enrique:
Tardará mucho tiempo en
nacer, si es que nace, una persona como
Miguel Feris. Él era único en su genialidad, una especie de mago que todo lo
que pensaba o tocaba se convertía en empresa, fábricas, equipos deportivos y
todos con buen éxito financiero.
Podemos criticarle
muchos aspectos, pero todos coincidíamos que era un trabajador dicto, un
incansable, que ponía por encima de todo la forma de hacer negocios, de crear,
de planificar, de cosechar, de realizar, con su temperamento inigualable.
Fue un gran
emprendedor, una gran persona intuitiva, un político que se sentía por encima
de todo el bien y el mal. Así actuaba.
Siempre tenía una
actitud elegante de deshacer entuertos, el olvidar el pasado, de dar el difícil
primer paso de la conciliación. Y como si no fuera nada, hablar del futuro,
hacer planes... ¡y cumplirlos! Cuando a Walt Whitman le dijeron que Lincoln
estaba muerto, escribió un largo poema ,“¡Oh mi Capitán!”.
Confieso que lo busqué
y lo leí, pensando en Miguel Enrique. Mi capitán no responde... Sus labios
están pálidos e inmóviles. Mi padre no siente mi brazo. No tiene pulso ni
voluntad. El barco está anclado sano y salvo. El viaje ha terminado y se ha
hecho. De un barco temeroso al barco triunfador, entra con su objetivo
realizado.
Descansa en paz
maestro. Nunca, nadie te olvidará, porque por siglos no nacerá en el mundo otra
persona como Miguel Enrique Feris Iglesias Armenteros Elmúdesi.

No hay comentarios:
Publicar un comentario