MANUEL DÍAZ APONTE
De entrada, hay que decir que el ex
presidente de Uruguay, José Alberto Mujica Cordano, no está loco, de ninguna
manera; simplemente es coherente con sus principios políticos, éticos, morales
y de humildad. Un hermoso ejemplo a seguir, no tan solo en el Continente
Americano sino en el mundo.
No está loco, contrario a lo que
dicen algunos detractores que acuden a la bajeza por no poder responder al
valor de este gran latinoamericano, que gobernó con éxito su país en el periodo
del 1 de marzo del 2010 al 1 de marzo del 2015.
Previamente, ocupó otras posiciones
como diputado, senador y ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca de
Uruguay.
Y no es un hombre amargado, todo lo
contrario, es mucho más feliz que aquellos que hoy exhiben riquezas obtenidas
desde la protección del poder que nunca podrán justificar.
Es un hombre práctico, sencillo y
liberado de las ataduras y formalidades de la sociedad de consumo. Es al mismo
tiempo, un internacionalista, luchador incansable por las libertades políticas
y sociales de su pueblo, amante de la naturaleza, del acercamiento humano, del
amor al prójimo y de los más necesitados.
Desde las alturas del poder supo
mantener su propia personalidad, con un perfil reservado, cauto, de poco
exhibicionismo y al margen de la clásica parafernalia del máximo cargo que
desempeñó.
Siendo muy joven se integró hacia
principio de la década del sesenta al Movimiento de Liberación Nacional,
conocido como Tupamaros, en el que tuvo un protagonismo de primera fila como
guerrillero que buscaba suplantar la dictadura. Su cuerpo recibió el impacto de
seis heridas de balas que lo marcaron para siempre en esa larga lucha que
lideró en busca de la libertad para el pueblo uruguayo.
El mandato presidencial de
José-Pepe-Mujica tuvo sus aciertos especialmente en la aplicación de políticas
sociales orientadas a reducir la pobreza entre los habitantes de las zonas
rurales.
“Cuando luchamos por el medio
ambiente, el primer elemento del medio ambiente, se llama la felicidad humana”,
José Mujica.
Reducción de la Pobreza
En efecto, según la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Uruguay es el segundo país
latinoamericano con menor nivel de pobreza y el primero con menores de
indigencia. El 2014, registró el nivel de empleo más alto de su historia y la
tasa de desempleo alcanzó el 6,3 % de la población. En promedio la subida de
los salarios ha alcanzado hasta un 23% respecto al sueldo medio y, en el caso
de las pensiones y jubilaciones, el aumento ha sido de un 24%.
De acuerdo al Ministerio de
Industria, Energía y Minería del Uruguay, las inversiones en parques eólicos en
el periodo 2010-2015 sumarán 2.800 millones de dólares. Además, Uruguay está
implementando tecnologías de energía solar y prevé la construcción de centrales
eléctricas y plantas para la producción de etanol y biodiésel.
Mujica igualmente orientó su política
exterior hacia un mayor acercamiento con los países vecinos como Argentina y
Brasil, y en los mecanismos integracionistas entre ellos, Mercosur.
Asimismo legalizó la comercialización
de la marihuana y permitió el aborto terapéutico cuando la madre está en
riesgo. Dos medidas controversiales que generaron un intenso debate en toda
América Latina.
Ni mató ni Robó
“La gente tiene que luchar por la
paz, no por la guerra”, José Mujica.
El ex presidente de Uruguay ni mató
ni robó, por eso puede salir solo conduciendo su emblemático Volkswagen azul en
las calles de Montevideo y sentarse a almorzar en un restaurante sin ningún
tipo de seguridad a su alrededor.
Está protegido por su pueblo, por el
pueblo que gobernó y respetó sin abusar del poder, sin atropellar a nadie y sin
hacer uso indebido de los recursos públicos.
Su carácter bonachón y campechano lo
distinguieron durante todo su mandato presidencial, habiéndose salido con
frecuencia del protocolo formal que exigía el cargo.
Incluso, el presidente Barack Obama
cuando lo recibió en visita oficial en la Casa Blanca reconoció su liderazgo
entre el pueblo uruguayo y la humildad al frente del poder.
El ex guerrillero José Mujica salió
de la prisión en marzo del 1985 tras haber sufrido torturas físicas y
sicológicas por diez años junto a sus compañeros de lucha.
En una Cumbre Internacional, el 20 de
junio de 2012 expresó:
“El desarrollo no puede ser en contra de la
felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor arriba de la
tierra, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de
tener lo elemental…”.
Mujica colocó a su país en el centro
de la atención mundial por su estilo de gobernar, por su política social
vanguardista, por ser auténtico, por sacar tiempo para compartir con sus amigos
de siempre.
Probablemente haya sido el presidente
latinoamericano más sencillo de los últimos cincuenta años y el que mayor
contribución aportó al sistema democrático en la región, con ese admirable
comportamiento de honradez y humildad.
Durante una entrevista concedida a
Jorge Gestoso para la cadena Telesur días previos a dejar el poder respondiendo
a una pregunta expresó que deseaba ser recordado por su pueblo “como un viejo
luchador social”.
Y al finalizar su mandato
gubernamental, Mujica dijo a los periodistas que se retiraba a su rancho en las
afueras de Montevideo a compartir con la naturaleza y puntualizó que “yo más o
menos vivo, como vivía antes…”

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