Un río incontenible de
pasión se apoderó de Alberto desde que la vio por primera vez. Aquella mujer,
con sus hermosos ojos negros, el cabello largo, rostro ovalado y sonrisa de
nácar, lo conquistó a primera vista. La mujer perfecta, se dijo a sí mismo,
mientras ideaba un agresivo plan de conquista.
Durante dos meses le
envió flores diariamente, la llamaba, le enviaba mensajes por teléfono y
utilizó todas las herramientas que la tecnología moderna le permitía, para
lograr una fluida comunicación con ella. Al final de los dos meses, logró que
aceptara ir con él a cenar. A la semana siguiente, fueron a una discoteca y
todo comenzó a fluir favorablemente.
Su amigo Jorge, a la
vez amigo de aquella mujer, fue una pieza clave para lograr el enganche final
que permitió la conquista, y que terminó con su primer beso en una noche de
luna llena, mientras se bañaban en una de las hermosas playas de Juan Dolio.
El primer beso estalló
en un éxtasis de amor que los envolvió en un loco frenesí. A partir de ese
primer beso, la pasión crecía alimentada por caricias y frases tiernas que
terminaban en locos arrebatos, en las húmedas sábanas blancas de la habitación.
El amor brotó sin
bridas, como fuego que lo abrasaba todo a su paso y la excitación que lograban,
aumentaba exponencialmente en cada encuentro.
Y no era para menos. La
pasión responde al corazón y no a la razón y el corazón nunca engaña ni miente,
porque solo siente lo que siente. El imán que los atraía era tan fuerte, que
estaba seguro de poder vencer cualquier obstáculo que se les interpusiera.
Se casaron y vinieron
los hijos. La pasión seguía impertérrita, alimentando con sus lenguas de fuego
aquel tórrido amor.
Con el tiempo,
surgieron las dudas, los cuestionamientos y los análisis financieros que
aseguraran el futuro sin precariedades económicas. El día a día, con su ritmo
de monotonía, lo trastornó todo. Y el amor comenzó a responder más a la lógica
de la razón y no a la pasión del corazón.
-¿Cómo cambia el
enfoque del amor, cuando entra la fría racionalidad del análisis económico en
una relación?, se decía Alberto, al buscar las posibles causas del enfriamiento
que observaba en su esposa.
-La pasión es ardiente
y genuina-, pensaba;
-La razón, en cambio,
es fría, calculadora, oportunista y solo busca lo conveniente,- se respondía,
mientras el temor convulsionaba su cuerpo y un dejo de melancolía lo invadía.
La rutina, la carga
emocional que representaba mantener y educar los hijos; el trabajo, y los
hobbies, acabaron con enfriar la relación. La ternura fue sustituida por el
grito; el beso desplazado por el reclamo y los detalles que encendían la pasión,
se volvieron una fría pared donde se estrellaba y moría cualquier intento
libidinoso.
La pasión estaba herida
de muerte, porque la pasión no es pasión, sino existe la motivación prístina y
el deseo ardiente. Lo demás es discursos y poses.
Con el tiempo, la
situación se agravó. En aquella hermosa mujer de ojos, negros, cabellos largos
y rostro ovalado, nació y creció la razón. En Alberto, quien creía haber
encontrado la mujer perfecta, murió la pasión y ambas circunstancias mataron
poco a poco al amor.
Hoy, al despedirse,
parecían dos desconocidos hechos hielo, que se miran huraños. Ni un arrullo, ni
una frase amable, ni un reproche surgieron de aquellos labios clausurados.
Ambos emprendieron
caminos diferentes y en aquellas cuatro paredes de la habitación, la pasión
quedó dolorosa e inequívocamente, sepultada para siempre junto al amor.
Del libro de cuentos
Eterna Compañera. Autor Sergio Cedeño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario