martes, 20 de noviembre de 2012

LIBRO DE CUENTOS ETERNA COMPAÑERA.

LA PASION.
POR SERGIO CEDEÑO.

Un río incontenible de pasión se apoderó de Alberto desde que la vio por primera vez. Aquella mujer, con sus hermosos ojos negros, el cabello largo, rostro ovalado y sonrisa de nácar, lo conquistó a primera vista. La mujer perfecta, se dijo a sí mismo, mientras ideaba un agresivo plan de conquista.

Durante dos meses le envió flores diariamente, la llamaba, le enviaba mensajes por teléfono y utilizó todas las herramientas que la tecnología moderna le permitía, para lograr una fluida comunicación con ella. Al final de los dos meses, logró que aceptara ir con él a cenar. A la semana siguiente, fueron a una discoteca y todo comenzó a fluir favorablemente.

Su amigo Jorge, a la vez amigo de aquella mujer, fue una pieza clave para lograr el enganche final que permitió la conquista, y que terminó con su primer beso en una noche de luna llena, mientras se bañaban en una de las hermosas playas de Juan Dolio.

El primer beso estalló en un éxtasis de amor que los envolvió en un loco frenesí. A partir de ese primer beso, la pasión crecía alimentada por caricias y frases tiernas que terminaban en locos arrebatos, en las húmedas sábanas blancas de la habitación.

El amor brotó sin bridas, como fuego que lo abrasaba todo a su paso y la excitación que lograban, aumentaba exponencialmente en cada encuentro.

Y no era para menos. La pasión responde al corazón y no a la razón y el corazón nunca engaña ni miente, porque solo siente lo que siente. El imán que los atraía era tan fuerte, que estaba seguro de poder vencer cualquier obstáculo que se les interpusiera.

Se casaron y vinieron los hijos. La pasión seguía impertérrita, alimentando con sus lenguas de fuego aquel tórrido amor.

Con el tiempo, surgieron las dudas, los cuestionamientos y los análisis financieros que aseguraran el futuro sin precariedades económicas. El día a día, con su ritmo de monotonía, lo trastornó todo. Y el amor comenzó a responder más a la lógica de la razón y no a la pasión del corazón.

-¿Cómo cambia el enfoque del amor, cuando entra la fría racionalidad del análisis económico en una relación?, se decía Alberto, al buscar las posibles causas del enfriamiento que observaba en su esposa.

-La pasión es ardiente y genuina-, pensaba;

-La razón, en cambio, es fría, calculadora, oportunista y solo busca lo conveniente,- se respondía, mientras el temor convulsionaba su cuerpo y un dejo de melancolía lo invadía.

La rutina, la carga emocional que representaba mantener y educar los hijos; el trabajo, y los hobbies, acabaron con enfriar la relación. La ternura fue sustituida por el grito; el beso desplazado por el reclamo y los detalles que encendían la pasión, se volvieron una fría pared donde se estrellaba y moría cualquier intento libidinoso.

La pasión estaba herida de muerte, porque la pasión no es pasión, sino existe la motivación prístina y el deseo ardiente. Lo demás es discursos y poses.

Con el tiempo, la situación se agravó. En aquella hermosa mujer de ojos, negros, cabellos largos y rostro ovalado, nació y creció la razón. En Alberto, quien creía haber encontrado la mujer perfecta, murió la pasión y ambas circunstancias mataron poco a poco al amor.

Hoy, al despedirse, parecían dos desconocidos hechos hielo, que se miran huraños. Ni un arrullo, ni una frase amable, ni un reproche surgieron de aquellos labios clausurados.

Ambos emprendieron caminos diferentes y en aquellas cuatro paredes de la habitación, la pasión quedó dolorosa e inequívocamente, sepultada para siempre junto al amor.

Del libro de cuentos Eterna Compañera. Autor Sergio Cedeño.

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